¿PODEMOS DECIR?  “GRACIAS CORONAVIRUS”

El coronavirus, por una parte, no es más que una enfermedad viral común y como todas ellas de carácter contagioso.

A fecha de hoy 17 de marzo, en Italia, país con  uno de los índices de  mayor infección y mortalidad del mundo con un 7% de los infectados. China un 4%, España un 3,4%, los demás países bajan la cifra.

Corea del Sur, está haciendo más pruebas que nadie y ahora mismo reporta una mortalidad del 0,6%. Aunque la mortalidad del coronavirus fuese un tercio de lo que dicen los datos actuales, seguiría siendo peor que la gripe común.

Tampoco hay consenso sobre cuántos casos no detectados existen en cada país. El epidemiólogo de la Universidad de Oxford Christopher Fraser ha explicado que la proporción de casos sin reportar podría ser del 50%, por lo que “la tasa de letalidad rondaría el 1%”. Coincide en eso el doctor Bruce Aylward, de la OMS. Un porcentaje muy alto lo han pasado como una gripe común sin haberlo detectado como coronavirus

Algo no cuadra respecto a la importancia que se ha creado sobre ello y porque ésta alarma social.

Si miramos de forma retrospectiva desde que se conocen pandemias, donde se iniciaron y hasta donde se extendieron, veremos que ya en el 430 a.c. la Plaga de Atenas, afectó un tercio de la población, en el 166 la Peste de Roma que se extendió por todo el Imperio romano, el 251, la Peste de Etiopía se extiende a Egipto y Roma. En el 542 la Peste que azotó al Imperio Bizantino con un 40% de víctimas, en 1346 la Peste Negra, iniciada en Asia y extendida a Europa, en 1817 El Cólera procedente de la India por las tropas británicas, 1875, la Viruela en Europa, 1890, la Gripe Rusa, en 1918, la Gripe Española, (curiosamente iniciada en Texas en el inicio de la Primera Guerra Mundial, en la que no entró España pero le achacaron esa especie de responsabilidad de muertes por gripe), en 1957 la Gripe Asiática iniciada en Pekín se extiende a todo el mundo, con un resultado de 4.000.000 de muertos (un 2 por 1.000 sobre los habitantes), entramos en el siglo XX  y se suceden cada pocos años diferentes pandemias de origen viral entre las que se considera de las más duras, el ébola en 2014,  con 4.500 muertes sobre 7.000.000.000 de habitantes, pero que creó en su momento un impacto tremendo de miedos y preocupaciones en todo el mundo. Curiosamente está el SIDA que desde 1981 se considera la causa de 35.000.000 de muertes, que desde el principio se achacó a transmisión de los homosexuales y se ha considerado una enfermedad local, puesto que a pesar de estar extendida por todo el mundo solo va a afectar a un grupo determinado de personas de las que nos autoexcluimos por considerarse una enfermedad vergonzosa, que sin embargo ha creado una expansión de conciencia especial al sector de homosexuales.

A lo largo de la historia de la humanidad, ha habido muchas pandemias, se han iniciado en diferentes sitios y se han propagado de formas,  más o menos global y con más o menos muertos, pero en todos los casos la expansión de conciencia ha supuesto un antes y un después.

En este plano tridimensional en  el que interactuamos con  la materia y creemos que somos materia y que en ella encontraremos nuestro bienestar y nuestra felicidad, nos dejamos llevar por una vida basada en egoísmos en la que todo vale para conseguir nuestro intereses a costa de quien sea y de lo que sea, ya que creemos que la felicidad está en lo que materialmente consigamos, pero como no lo terminamos de encontrar por mucho que hayamos conseguido incrementamos nuestras acciones en esa línea sin fin.

¿Qué pasa? Que en realidad somos algo más que materia y que la felicidad no nos viene por posesiones ni por poder y que esa carrera no te lleva a lo que realmente buscas y necesitas, ser feliz en todos los sentidos y El Universo, El Creador o Tu mismo, como quieras llamarlo o conceptuarlo, tiene que frenar tu locura y hacer que te sosiegues, pienses y sientas de otra forma para que poco a poco encuentres el camino que realmente buscas.

Unas veces nos viene el aviso de forma individual, por medio de alguna enfermedad, accidente a nosotros mismos o a otras personas muy allegadas al corazón y que nos afecta más todavía, para echarnos el freno a estas carreras desbocadas.

En otras ocasiones está tan generalizada la situación, que hay que mandar el aviso de forma grupal, más o menos global, pero vemos que siempre va directamente a los focos que han perdido el norte.

En todas estas pandemias se aprende algo que queda insertado en nuestro Ser y que va a condicionar y realizar algunos cambios.

Es una expansión de conciencia que cada vez nos hace más “humanos”, es decir más conscientes de que a ésta apariencia de materia hay unida una parte espiritual o que somos  un  Ser Espiritual  que al interactuar con lo que llamamos materia, tenemos también,  sensaciones materiales.

Si no fuera porque de vez en cuando,  nos llega un freno a nuestra estrepitosa carrera, seguiríamos siendo animales depredadores, como pueden ser los leones o los cocodrilos que llevan millones de años igual.

Pero fijaros, que cada vez las advertencias vienen acompañadas de menos dolor en sus manifestaciones, como han podido ser la lepra, la peste la viruela… necrosándose las células con dolores espantosos, ahora solo producen sufrimientos de carácter mental, por los miedos y cada uno puede nivelar esos sufrimientos de acuerdo con sus ideas y creencias, hasta el punto de celebrar y ser feliz porque esto ocurra.

Esta situación de pánico global, hace que nuestra mente, de forma inconsciente, no solo se plantee nuestra muerte y desaparición, sino el peligro de extinción de la humanidad, que siempre es de carácter preferente a nosotros mismos.

Por otra parte ante el miedo a la muerte aparece la idea mental de que debe existir algo que nos hace perdurar a esta vida. Momento en el que empezamos a hablar con nuestro corazón y pensar en otros con empatía, aumenta la solidaridad, se expande la compasión y la misericordia, creando cadenas de oración y meditaciones globales elevando las energías para mejorar la humanidad.

Estas cadenas constantes se realizan en todo el mundo; norte y sur, oriente y occidente, sin excepciones y tienen un efecto fantástico que cambia incluso nuestras estructuras fisiológicas para ir adaptándolas a la nueva realidad en la que estamos entrando.

Casi todo el mundo está teniendo síntomas extraños, dolores de cabeza o sensación de cansancio, dolores de espalda o huesos, fiebres ligeras y todo esto sin que se le pueda diagnosticar nada y que lo mismo que ha aparecido desaparece.

Sé que cuesta decirlo, pero yo me atrevo a decirlo, “GRACIAS CORONAVIRUS”, que consigues que cedamos parte de nuestra soberbia,  que por una parte hace que nos sintamos mucho más pequeños de lo que somos y por otra, de lo grandes e inmensos que somos.