LA VIDA Y LA MUERTE

La muerte, tan conocida y desconocida a la vez, supone la base de todos nuestros miedos y apegos.

Empecemos por analizar la realidad de los ateos, es decir, los que no creen que haya nada más después de la muerte.

Para ellos no debiera haber esta incertidumbre, sin embargo, la hay.

¿Dónde iremos, qué pasará, habrá algo, será agradable o tormentoso?

Estos pensamientos les crean, al igual que a los creyentes, el   miedo básico de donde proceden todos los demás.

Esto indica claramente, que sienten de alguna manera que hay algo más.

Si los ateos creyeran de verdad que no hay nada después de la muerte, no tendrían ni miedo ni respeto a esa despedida, sin embargo, en momentos difíciles todos piden ayuda a algo o a alguien.

El ego trata de decir, que no, pero la mente les dice, que sí.

Hoy día, podemos demostrar científicamente que somos energía y que ésta se puede percibir de diferentes formas. Unas las percibimos a través de la vista, (las que llamamos cuerpos físicos) otras no. Se necesitan instrumentos capaces de detectarlas (energías eléctricas, electromagnéticas, etéricas etc.), aunque hay personas sensitivas capaces de ver o sentir estas energías.

Unas actúan e interactúan en éste Plano, otras, en distintos planos.

Las religiones han dado respuesta a esas energías cuando personas sensitivas o místicas han transmitido sus capacidades y sensaciones extracorpóreas, llamando a éstas demostraciones “espirituales, divinas, diabólicas etc.” según el caso y la conveniencia.

Muchas personas a las que se les ha negado su capacidad de percepción extracorpórea, han padecido comportamientos psicóticos o neuróticos. También han padecido distorsiones mentales, muchas personas a las que se les han dado explicaciones dogmáticas, obligándoles a creer realidades incomprensibles.

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Estos dogmas incoherentes, han creado el rechazo a lo espiritual en algunas personas “no sensitivas”, que con el tiempo han ido cerrándose en “la no creencia” fuera de lo que se ve y se toca.

EL ATEÍSMO.

Este rechazo de los ateos a lo “espiritual” y “metafísico”, ocurre al no estar de acuerdo con parte de las enseñanzas y normas dogmáticas, y al igual que los creyentes (en el fondo de su ser), todos tienen dudas.

¿Por qué lloramos la muerte de seres queridos?, ¿realmente pensamos que es una desgracia para el que ha partido?, ¿sabemos dónde se dirige?, ¿realmente pensamos que va a un sitio terrible o en realidad sentimos pena por nosotros porque nos quedamos aquí y vamos a dejar de disfrutar de esa presencia?. Si además añadimos la idea de que nosotros también moriremos, el resultado nos llena de   pesares y miedos ante esa gran desconocida que es la muerte.

Igual que no podemos hablar del sufrimiento que supone la ceguera, estar en una silla de ruedas, postrado en la cama, o cualquier dolencia grave (porque para nosotros son sólo suposiciones) y nos limitamos a hacer especulaciones de cómo actuaríamos en el caso de encontrarnos en esas circunstancias, porque nada tiene que ver con lo que los enfermos pueden sentir y explicar. Así pasa con la muerte, no nos podemos hacer idea de lo que supone para el que fallece. Solo puede hablar con coherencia de la realidad de lo que se siente, el muerto.

Veámoslo de forma subjetiva en nosotros mismos, no en otros.

Para un ateo, la muerte no existe en primera persona ya que nunca podrá decir “estoy muerto”, ni decir “sigo vivo” por no creer en que la vida continua en otro Plano, pero un creyente tampoco podrá decir “estoy muerto”, ya que verá que “sigue vivo” en otro Plano.

La muerte que tanto nos asusta en primera persona es una hipocresía. Cuando decimos “pobrecillo, nos ha dejado, tan joven todavía, aquí quedamos desconsolados…”, en realidad lo sentimos por nosotros y nos escudamos en que el que lo pasa mal es el muerto.

Mantenemos recuerdos y apegos de forma dolorosa que a veces duran toda la vida, porque nos falta la persona fallecida, no porque en ningún momento pensemos que lo esté pasando mal.

Cuando el fallecido es un familiar, creemos que hemos perdido nuestra más valiosa posesión, estos actos de inconsciencia, denotan el máximo exponente del egoísmo. No queremos resignarnos a que la muerte nos haya arrebatado nuestra mayor posesión y nuestro mayor placer, hijos, padres, hermanos, pareja…

Ahora vamos a hablar de LA VIDA.

En realidad, ¿qué sentido tiene nuestra vida?, ¿hemos venido a sufrir?, ¿a pasar sinsabores o a disfrutar y ser felices?

Busquemos una analogía. La vida en este Plano es como un río.

Imaginemos que somos las partículas de agua que salen de ese manantial.

Nacemos en unas montañas y circulamos por caminos escarpados, por valles más tranquilos, lugares preciosos. Se unen a nosotros otros ríos que aumentan el caudal y nos fundimos con ellos. Caemos por desniveles y cascadas, pero seguimos adelante como uno solo. Cada vez nos sentimos más llenos y sabios circulando mansamente por valles hasta llegar al mar donde morimos.

¿Quién ha dicho que morimos?

Realmente seguimos viviendo pero en otra dimensión, unidos a muchos más ríos que llegaron allí y formando parte de una inmensidad de partículas de agua.

Ahora hace mucho calor, nuestras partículas se calientan, sentimos cómo nos elevamos en el aire, nos unimos y formamos una nube. Seguimos siendo partículas de agua, es algo increíble, toneladas de agua en el aire flotando y desplazándose sobre preciosos paisajes. Ahora sentimos algo de frío, estamos muy esponjadas y tenemos que unimos para soportar ese frío.

Vaya, ahora nos convertimos en toneladas de agua. Caemos sobre la tierra y nos filtramos hasta alcanzar unos ríos subterráneos por los que circulamos. Ahora vemos una luz, vamos a salir al exterior porque somos un manantial que está dando a luz a otro río, en otra montaña. Así volvemos a disfrutar de otro ciclo de vida completo.

En definitiva, querido lector, tendremos altibajos, momentos preciosos con experiencias nuevas, lugares por donde discurriremos entre cascadas y caídas al vacío. Al final sentiremos como nos recuperamos y seguimos adelante con nuevas compañías y experiencias.

Ahora de forma más pausada y tranquila, otros riachuelos y ríos se unen a nosotros en este maravilloso viaje que es la vida, hasta unirnos con la inmensidad del mar.

TODO PASA Y TODO QUEDA,

PERO LO NUESTRO ES PASAR,

PASAR HACIENDO CAMINOS,

CAMINOS SOBRE LA MAR.

CAMINANTE, SON TUS HUELLAS

EL CAMINO Y NADA MÁS;

CAMINANTE, NO HAY CAMINO,

SE HACE CAMINO AL ANDAR.

AL ANDAR SE HACE CAMINO

Y AL VOLVER LA VISTA ATRÁS,

SE VE LA SENDA QUE NUNCA

SE HA DE VOLVER A PISAR.

Preciosos versos de Antonio Machado.

Nunca volveremos a pisar sobre nuestro pasado, ya no existe, ni tampoco el futuro. No hay un camino futuro que podamos pisar.

NOSOTROS HACEMOS EL CAMINO AL ANDAR EN EL PRESENTE.

Vivamos el presente y disfrutemos haciendo un gran y precioso camino que nos de orgullo y felicidad.

Los avatares y las soluciones al hacer el camino dejarán nuestra personalidad en él.

Vivamos de objetivos presentes, no de resultados futuros.

Si alguien piensa que por mucho éxito que tenga, por mucho dinero y poder, no va a tener momentos de sufrimiento, dolor y miedo, es que no se da cuenta que esas situaciones son parte de las experiencias que venimos a tener en este plano.

El problema no es pasar estas fases sino no saber sacar enseñanzas de ellas, y así salir fortalecido. Aprender a gestionar y reducir estas situaciones, convirtiéndolas en experiencias felices.

Estos análisis, no son solamente teóricos o hipotéticos, están basados en fundamentos prácticos de realidades presentadas y estudiadas científicamente con toda transparencia y rigurosidad. 

El místico ha experimentado y experimenta lo que la ciencia está demostrando.

UN POCO DE CIENCIA TE HACE ATEO, MUCHA CIENCIA TE HACE CREYENTE

La despreocupación por problemas que solo existen en nuestra mente, solo puede traer alegría.

No es tan difícil como parece. Solo es proponérselo.

Voy a dar unas sencillas pautas, pero que son un gran éxito en las personas que las han seguido.

Las pautas a tener en cuenta para llevar a cabo este aspecto de mejora en nuestra personalidad, vienen dentro de nosotros, de las nuevas sensaciones que nos ofrecen estos pequeños cambios con un nuevo paradigma.

  • Moverse por objetivos
  • No intentar manipular nuestra mente para percibir un solo resultado.
  • No limitar la manera de ver las cosas.
  • Idea + Objetivos + Trabajo = Resultados
  • Dejar que los resultados lleguen de manera fluida y elástica.
  • Los recuerdos y apegos del pasado, (que ya no existe), te llevan a pensar en un futuro (que tampoco existe), con preocupaciones innecesarias, viviendo un presente rígido, no aceptando la realidad cambiante e intentando controlar, hasta  los mínimos aspectos de la realidad.
  • Esta es una de las causas de la sensación de soledad, sentimos que se nos escapa la capacidad de control y que solos, no vamos a poder seguir en ese único camino trazado de antemano y aunque tengamos gente a nuestro lado, no vemos en ellos la ayuda que nosotros requerimos, por verlos en otro mundo diferente al nuestro.
  • La soledad no existe, es una realidad creada por la mente rígida.

Si estas abierto a lo que llegue, siempre estarás acompañado/a.


Sampolbaba

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