¿ES REAL LA REALIDAD MENTAL?

La realidad mental de las formas manifestadas  y de las  no manifestadas es una certeza demostrada.

Hablamos del tiempo y del espacio como algo que no existe, que es relativo,  y lo hacemos dando la sensación de que lo entendemos perfectamente, dado el  nivel evolutivo intelectual y espiritual por el que transitamos muchos de nosotros.

Sabemos lo relativo que es, pero en realidad no lo tenemos tan claro. Eso es así porque en realidad tampoco sabemos que somos nosotros.

Una definición podría ser:

Somos cuerpo, mente y espíritu.

Hay una parte que vemos y otra que no, es decir,  una la consideraríamos como “energía manifestada” y otra “no manifestada”.

¿Quién lo ha creado?

Dios

¿Por qué y para qué hace esto Dios?,  ¿Es un juego?

Los antiguos gurús de la India explicaban que el mundo es un juego de Dios al que llamaron «Lila».

Todo es un Gran Juego donde las formas individuales son el resultado de una evolución de las colectivas. Para llevar a cabo ese objetivo son necesarias unas reglas de juego en el que las formas individuales cohesionan con las colectivas creando un solo Plan de Acción.

Pero no solo existe el mundo de «las formas o realidad manifestada», aparece además el mundo «etérico o No Manifestado» con un funcionamiento similar, con creaciones individuales y colectivas todas en evolución, para dar vida a ese «Gran Juego» que hay en la Mente del Creador de todas estas ideas.

Un paso más, nos hace comprender que ambos mundos no juegan por separado o a distinto juego, ni tampoco es distinto el mundo material del mundo espiritual ya que todo es un mundo mental. La diferencia solo está en nosotros y la capacidad de procesar la información que la conciencia ha grabado en nuestra mente individual.

Ahora estamos en ese proceso de sensación individual y separación del resto de los seres.

Todo lo que existe tiene vida y forma parte del Plan General.

Una piedra tiene vida ya que es energía en movimiento y tiene un halo de energía que todavía no podemos demostrar con nuestras capacidades científicas, aunque ya sabemos y podemos explicar frente a los resultados y el comportamiento, que existe una energía de cohesión y comunicación a la que podríamos llamar CONCIENCIA.

La conciencia existe en todo lo creado de una forma más o menos primitiva o rudimentaria y sirve para evolucionar a partir de las experiencias, es decir, tener una presencia en virtud de la existencia.

Por ejemplo, nosotros como individuos, estamos formados por un grupo colectivo de miles de órganos, estructuras óseas y musculares, que a su vez están compuestos de millones de células con millones de segmentos de ADN en los que se haya toda la información de nuestra existencia.

Cualquier parte de nuestro cuerpo podría creer que vive individualmente sin pertenecer a un grupo colectivo que se llama ser humano.

El dedo de un pie o un riñón, podría creer que tiene vida propia e independiente, cuando en realidad afecta y a su vez es afectado por el conjunto de nuestro cuerpo.

Por otra parte están las energías sin forma, la mente, el espíritu o la conciencia. Al no verlas obviamos su existencia, pero en realidad sabemos que un pensamiento afecta a el funcionamiento de nuestro cuerpo y que la sensación que un acto crea en nuestra conciencia, también afecta a nuestro cuerpo.

Ya vamos comprendiendo que todo forma un colectivo inseparable.

Todavía nos cuesta pensar que ese “colectivo” que somos, al que llamamos “ser humano” y que vemos como “un individuo”, puede y está conectado con el resto de los demás “seres”.

En “seres”, no solo van incluidas las piedras, mares, plantas, estrellas etc. como seres materiales o realidad de las formas, sino además, estamos unidos a los seres que no vemos por existir en planos de diferente vibración y que no dejan de ser parte de la energía que constituye El Gran Juego de La Mente en el Creador.

Es curioso, con la naturalidad con la que podemos ver un pájaro comerse una lombriz, un gato comerse al pájaro y un lobo comerse al gato. Sentimos que en realidad todos forman parte de la cadena alimenticia para que la naturaleza siga su curso evolutivo.

No pasa nada, todos dependen de todos” .

Tampoco pasa nada si vemos pasar un coche fúnebre y alguien nos dice que se trata de un señor mayor que ha sufrido un infarto. Sin embargo, se muere un familiar, o estamos nosotros en riesgo de muerte y se produce una tragedia, desaparece todo concepto de colectividad, solo pensamos en concepto individual y de separación del resto de la naturaleza.

Esa es nuestra mente en este estado evolutivo, pero nuestra conciencia, o esa parte espiritual lo ve de diferente forma porque está integrada en la colectividad sin dejar la individualidad, de la misma manera, nuestros riñones trabajan de forma individual dentro de la colectividad que es el cuerpo.

Nuestra realidad es la manifestación de nuestra conciencia y esta habita en los Planos correspondientes a su estado de vibración.

Al igual que alrededor de nuestro cuerpo físico, existen otros cuerpos etéricos con las funciones necesarias para el conjunto de nuestro Ser, «el Planeta Tierra» no es sólo lo que vemos,

está rodeado de esferas concéntricas de energía más sutil, donde habitan otras «realidades de conciencia» como puede ser la energía que no desaparece al dejar el cuerpo, es decir, «EL ALMA«.

En estas esferas, hay formas de vida que, de alguna manera, se parecen a las que disfrutamos aquí, con la diferencia de que se manifiestan en distinto grado de sutileza o vibración y con la forma apropiada a la sutileza de la energía de cada colectivo.

Esa percepción la adquirimos cuando dejamos la realidad física y entramos en la realidad de la conciencia, realmente no tenemos que esperar a morir o a abandonar el cuerpo de forma permanente, podemos entrar en ese estado de forma voluntaria por periodos de tiempo más o menos largos, mediante técnicas sencillas de meditación o estados ampliados de conciencia; de forma involuntaria también lo percibimos en sueños.

Este es nuestro estado evolutivo en la percepción individual, flirteamos entre la realidad de las formas y de la mente.

Somos una parte del Gran Juego que nosotros mismos como Creadores o como parte del Creador (llámalo como quieras), hemos llevado a cabo con unas reglas de juego para dar interés, tendremos que superar objetivos obteniendo premios, o repetir el intento hasta conseguir la superación que marcan nuestras propias reglas.

Lo de evolucionar hasta volver a La Fuente, es una opinión que no comparto.

Ya estamos en “La Fuente”.

La Fuente es supuestamente El Creador, Dios. Si Dios es infinito (porque si no lo fuera es que habría otro Dios), su creación está en Si Mismo, no puede haber infinito más lo creado.

Lo creado debe estar formado de su misma esencia o ser una ilusión mental.

Si yo creo en mi mente la ilusión de unos personajes a los que doy una vida novelesca y hago que crean que son reales, estos lo creerán. Si les hago sentir la sensación de libre albedrío, la sentirán. Pero su libre albedrío está en mi mente y mi decisión. Yo sabré su pasado, presente y futuro ya que están en mi mente, por lo que puedo dejarles hacer una incursión en su futuro que para mí es presente. Por tanto, tienen mi libre albedrío y también el suyo, en realidad es el mismo, ya que ellos están en mí y yo en ellos.

Somos una ilusión en la mente de Dios porque estamos en Él y Él en nosotros. Nuestro libre albedrío es el Suyo.

Somos los personajes de una Gran Novela, de un Gran Juego con infinitas variantes y con unos objetivos y reglas que se extenderán en la eternidad, si así lo decidimos.

Todo esto que parece especulativo e ilusorio está demostrado científicamente.

No he querido entrar en profundidad en explicaciones, demostraciones y analogías de la física cuántica, para no hacer más extenso este artículo.

El próximo artículo lo dedicaré a presentar las analogías de la ciencia moderna y la espiritualidad

Sampolbaba.